Pesca artesanal: Un medio de vida para las mujeres

Alba Hernández, residente en Amapala, encontró en la pesca artesanal un medio de vida. Sara Cifuentes / Oxfam en Honduras.
Una jornada de trabajo depende de la marea. Es una actividad de seis de la mañana hasta la seis de la tarde. A veces hay mareas buenas que nos dejan bastante sardina.
Alba Hernández Alemán, presidenta del Grupo de Mujeres Marisqueras ESMUMAR

Programas de televisión de viajes y aventuras muestran las maravillas del Pacífico, Caribe, Suramérica y Centro América, entre otras muchas. Espectaculares playas y atardeceres saltan a la vista. Diversidad marina, colores y paisajes exóticos. 

Lejos está el televidente de imaginar las duras condiciones en que viven los y las habitantes de dichos paradisiacos lugares. Tal vez porque en lugares tan bellos, todo el mundo debe ser feliz y vivir bien. ¿No es verdad? Desafortunadamente no es así. 

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE), señala que en 2017 Honduras vivía una pobreza extrema por hogares de 40.7%. Este es el caso del municipio de Amapala ubicado en el Golfo de Fonseca, que tiene una población de 12.774 habitantes, de los cuales el 49% son mujeres. Aquí la población vive de la pesca y quienes realizan esta actividad son en su mayor parte mujeres.

La historia de muchas mujeres

Cada día desde hace 32 años, Alba Hernández sale muy temprano de su casa y se dirige al mar en busca del sustento de su familia. Ella debe caminar veinte minutos, sin importar el calor que cobija la zona, el cual puede llegar a 35 grados centígrados. 

Se dirige al “chiquero” que es un pozo en piedra dentro del mar, en donde quedan atrapadas las sardinas o peces de otro tipo, que luego serán recogidos por las mujeres y transportados muchas veces a pie en grandes baldes de plástico (cinco galones de capacidad). La función que tiene el semicírculo de piedra es como el de una red, solo que son las sardinas que llegan allí, por si mismas.

Alba Hernández Alemán, presidenta del Grupo de Mujeres Marisqueras ESMUMAR en Valle Gualorita, Amapala, describe cómo es su actividad diaria:

 “Una jornada de trabajo depende de la marea. Es una actividad de seis de la mañana hasta la seis de la tarde. A veces hay mareas buenas que nos dejan bastante sardina. Ponemos ganas y esfuerzo. Somos 22 mujeres quienes procuramos llegar antes de que la marea baje completamente, para evitar que las sardinas se salgan del chiquero. Nos dividimos en dos grupos, unas aprovechan cuando la marea está seca para recoger almejas y nosotras realizamos la captura de sardinas cuando la marea está bajando”.

La tala de manglar afecta la pesca

Aunque a veces hay mareas excelentes, no siempre es así. Depende de la cantidad de agua. Ellas se han adaptado al ciclo natural de los peces, que ha sido alterado por el cambio climático y los químicos que se usan en el cultivo de maíz, lo que ha afectado de manera notoria la pesca. A eso se le suma la tala de manglar y no hay autoridades ni leyes que lo eviten.

Oxfam de la mano con las pesqueras

Datos del INE afirman que la población femenina rural es 2´036.242, de las cuáles cerca de 1.4 millones se encuentran bajo la línea de pobreza.

Las amapaleñas, no son ajenas a este fenómeno. Debido a los pocos ingresos familiares y a la escaza inversión del Estado en la zona se han visto obligadas a desarrollar la actividad pesquera.

Actualmente, 110 pescadoras de la zona participan en un proceso que les ayudará a mejorar sus condiciones económicas y sociales. Se trata de un proyecto denominado “Nuevo Modelo de Sistema Participativo de Garantía (SPG) de Recursos Marinos-Costeros del Municipio de Amapala”, que se desarrollará durante 15 meses en el municipio sureño. 

El proyecto es gestionado por el Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca, CODDEFFAGOLF, una ONG local que promueve la defensa y la conservación de los recursos naturales y áreas protegidas del Golfo de Fonseca y financiado por Oxfam, con el apoyo de Global Affairs Canada.

El proyecto opera a nivel local y certifica los productos de las mujeres marisqueras bajo criterios ambientales, de justicia de género, generacional, de sostenibilidad, económicos y de gobernanza.

Son cuatro grupos que participan en el proyecto y están legalmente constituidos en empresas de servicios múltiples, los mencionados grupos se han capacitado en varias áreas relacionadas con las buenas prácticas ambientales, tratamiento del producto y herramientas microempresariales. 

Con el objetivo de garantizar los sistemas productivos de estas mujeres a largo plazo, se ha creado una escuela de buenas prácticas pesqueras que implementa iniciativas que apunten a la conservación de los recursos marinos costeros y la protección del medio ambiente. 

De otra parte, ellas buscan vender directamente su producto ya que, cuando hay alta producción, los intermediarios se aprovechan para ofrecer bajo precio. Parte del proyecto incluye la identificación de una etiqueta para el producto, formación para elaboración de plan de negocios y bases de marketing.

Visionarias

Promover el turismo en la zona es otro de sus objetivos, pero para ello necesitan un lugar y convertirlo en hospedaje para viajeros; una lancha y una moto-taxi para ofrecer el servicio a los visitantes.

“Hemos trabajado empíricamente y desordenadamente. Hoy se nota la diferencia de estar organizado, gracias a ello tenemos una visión más clara de lo que queremos y de lo que podemos hacer. Estamos dedicándonos no solo a la captura de sardinas, sino a otras actividades, como por ejemplo vender tours”. Finaliza la líder pesquera.

Las pescadoras sostienen que las autoridades locales deben invertir en servicios públicos, agua potable e instalación de baños, solo por mencionar algunas de las necesidades. Ellas consideran que Amapala es un potencial dormido, que solo necesita inversionistas.

 

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