Voces comunitarias por una vida digna

“Las mujeres aún no superamos los desafíos que se presentan desde tiempo atrás. Sacamos conclusiones y vemos que las mujeres de todos los barrios viven las mismas necesidades y las mismas violencias”.
Denia Matamoros
Investigadora comunitaria

¿Quiénes son las investigadoras comunitarias? Sin esconder su sonrisa, Suyapa Mayén rápidamente se define a sí misma y a sus 30 compañeras como una red de apoyo mutuo entre mujeres organizadas. A decir verdad, este enunciado queda corto cuando se hecha un vistazo el trayecto que ha recorrido esta colectiva de habilidosas mujeres en 13 barrios y colonias de la capital de Honduras.

La convicción de estas investigadoras por construir entornos seguros es casi palpable, reflejo de ello es el fuerte compromiso por acompañar a mujeres víctimas de violencia a encontrar su propio camino hacia la sanación. Es notable que ellas son valoradas como lideresas debido a las múltiples actividades que también realizan para promover y fortalecer el conocimiento popular en los sectores donde habitan.

Tegucigalpa, junto con Comayagüela, conforman el Distrito Central. Estas ciudades hermanas comparten el título de la capital del país. Además, aquí se concentra el mayor porcentaje de la población nacional, con más de un millón de personas y de las cuales el 53% son mujeres.

“Tomamos apuntes y documentamos los descubrimientos que hacemos. Por ejemplo, en la mayoría de los barrios no hay buena iluminación ni señalización en las calles y esto es riesgoso para las mujeres que circulan de noche al venir de sus trabajos”, comenta Suyapa. 

La pavimentación de las calles, la limpieza de espacios públicos, inseguridad en el transporte público y el escaso acceso al agua potable son algunas de las carencias en servicios básicos que resaltan en las investigaciones de la red; sumado a ello, los centros de salud carecen de programas especiales con enfoque de género para atender las necesidades de las mujeres y niñas particularmente.

A través de talleres de coproducción de conocimiento, el cultivo de huertos comunitarios y presentaciones de teatro, las investigadoras comunitarias abren espacios de diálogo y de formación en derechos para mujeres y jóvenes en los barrios y colonias donde trabajan. 

Las investigadoras, algunas de ellas sobrevivientes de violencia de género, conocen de primera mano la importancia de fomentar la participación y el liderazgo de las mujeres en las actividades de sus comunidades, especialmente en los espacios de toma de decisiones para asegurar resultados justos y equitativos y de beneficio para todas las personas. 

“Nos organizamos a partir del 2014 con el fin de adquirir conocimientos y prácticas que nos permitan evaluar las condiciones de desarrollo en los diferentes sectores de la capital y el impacto que tiene en la calidad de vida de las mujeres”, expresa Suyapa. 

Esa etapa fue muy significativa para ella, pues junto a sus compañeras se formó como investigadora comunitaria en materia de Seguridad Humana y Género a través de un diplomado certificado por la Universidad de Antioquia y financiado por Oxfam en Honduras y Trocaire.  

Denia Matamoros y Jenny Espinoza también forman parte de este grupo diverso de mujeres. Actualmente, ellas colaboran con el Centro de Estudios para la Mujer (CEM-H) y el Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (CPTRT) en el desarrollo de una cartografía recogiendo interacciones y hallazgos para plasmarlos en una línea de tiempo. Como grupo, la meta es desarrollar nuevas estrategias que permitan romper con los patrones de discriminación y violencia que limitan a las mujeres y las excluye de la participación en espacios públicos dado que las zonas que habitan se vuelven escenarios hostiles de forma permanente.

“La cartografía nos permite analizar qué tuvieron las mujeres en el pasado, qué tienen en el presente y qué tendrán en el futuro. Vemos que hay similitudes entre todos los barrios y encontramos que las mujeres aún vivimos las mismas necesidades y carencias; es decir, aún no superamos los desafíos que se presentan desde tiempo atrás. Sacamos conclusiones y vemos que las mujeres de todos los barrios viven las mismas necesidades y las mismas violencias”, señala Denia. 

La participación de las investigadoras en los 13 barrios y colonias del Distrito Central ha contribuido a propiciar cambios en el espacio urbano, creando espacios organizativos autónomos de mujeres, iniciativas económicas de sobreviviencia y de seguridad alimentaria. 

Para Jenny, los procesos de investigación en el Distrito Central no son fáciles dado que el principal reto es el clima de inseguridad y violencia, “los barrios y colonias donde trabajamos están a la periferia de la ciudad, 10 de estos son considerados zonas rojas y de alta peligrosidad y donde a diario se matan mujeres. Incluso, hablar de política puede ser un riesgo en algunos de los sectores”. 

Para enfrentar estos desafíos, las investigadoras han desarrollado diferentes mecanismos y estrategias que permiten salvaguardad su integridad, “algunos de estos territorios están controlados por el crimen organizado y no podemos ingresar a ese sector a menos que vayamos acompañadas por alguna de las líderes de esa zona. Tenemos que adaptarnos a nuevas estrategias tanto en las convocatorias y en los espacios donde desarrollamos los talleres”, agrega Jenny.

Con el apoyo y acompañamiento técnico del CEM-H, del CPTRT y OXFAM, las investigadoras sistematizaron sus experiencias y hallazgos, un importante paso que les permitió también construir y posicionar ante las autoridades estatales una Agenda con propuestas para garantizar la seguridad humana de las mujeres en sus siete dimensiones: personal, comunitaria, alimentaria, ambiental, económica, de la salud y política.

“La seguridad humana no es solo tener a la Policía a la par de nosotras, sino que seguridad humana es tener un buen vivir, buena salud, alimentación, un empleo digno y una casa digna, salir adelante por nosotras mismas. Nos capacitamos en materia de incidencia política para apropiarnos de esta herramienta que construimos y nuestras compañeras han presentado las demandas en tres cabildos de la municipalidad y en reuniones con las instituciones que reciben a las compañeras, pero vemos que aún falta la voluntad por parte de las autoridades”, señala Denia.

Como investigadoras, también realizan acompañamientos legales a mujeres víctimas de violencia y les brindan apoyo emocional; sin embargo, este apoyo no es posible en todos los sectores debido al control de las maras y pandillas en los territorios. Las mujeres también han conformado grupos de autoayuda, los cuales son un sirven como espacios para que las sobrevivientes y víctimas de violencia se desahoguen y apoyen mutuamente. 

“Como mujeres tenemos que empoderar y no apoderar porque hay que compartir los conocimientos especialmente con aquellas que no han salido del círculo de la violencia,” puntúa Suyapa.

Las tres investigadoras coinciden en que en sus barrios y colonias existe una naturalización de la violencia, incluso hacia la labor que ellas realizan, “nos enfrentamos con mucha discriminación por parte de hombres líderes de algunas comunidades; a ellos no les gusta vernos en estos espacios y brota su machismo y nos critican. Hemos superado este desafío a través de los talleres que continuamos recibimos con el apoyo de de Oxfam, el ‘CEM’ y del ‘CPT’; nos empoderamos y mutuamente nos ayudamos a superar y enfrentar esas formas de violencia. Estos conocimientos los compartimos con las mujeres de las comunidades, hacerles saber que somos sujetas de derechos y como tales tenemos derecho a instruirnos y participar activamente”, finaliza Jenny.