La pesca del día en épocas de escasez y abundancia

Integrantes de ESMUMAR se desplazan en "pangas" entre Coyolito y Amapala para vender sus productos marinos.

110 mujeres y jóvenes organizadas, como las integrantes de ESMUMAR, fortalecieron sus conocimientos en la promoción de la actividad pesquera y en acciones de gobernanza local para la gestión ambiental.

“Nos permite organizarnos y juntas lograr hacer estas labores. No solo compartimos tiempo, sino también conocimientos y prácticas con otros grupos de mujeres”
Ana Luisa Mendieta
Integrante de ESMUMAR

Bajo el sol abrazador en la Isla del Tigre, en el municipio sureño de Amapala, un grupo de 30 mujeres marisqueras trabajan de buena gana, riendo y ayudándose mutuamente en lo que para ellas es una actividad crucial para mantener el ecosistema de su hogar saludable. 

Día con día, estas audaces mujeres se dedican a actividades de pesca y recolección de frutos del mar. Se juntan para realizar una jornada de limpieza del área de mangle en la rocosa costa de esta isla en el pacífico y pescar sardinas en sus chiqueros.

Las frondosas ramas del abundante mangle y el denso humo de las hogueras, en las cuáles queman las ramas secas y desechos orgánicos del ecosistema, les proporciona alguna cobertura de la intensidad del sol mientras limpian. 

“Para nosotras, estas son actividades necesarias para limpiar y ayudar al mangle a que pueda seguir saludable”, expresa Alba Hernández, una de las fundadoras del grupo de mujeres marisqueras ESMUMAR, “Sabemos que, si el ecosistema está bien, tendremos una pesca más abundante.”

Honduras cuenta con la mayor posesión de área de bosques de mangle en la región centroamericana. Sin embargo, las constantes amenazas de tala, contaminación y el cambio climático colocan su existencia en riesgo.

“Hay gente que viene a botar mucha basura acá, en el mangle, pensando que nadie la va a ver. Nosotras sabemos del daño que esto causa al ecosistema y esto nos afecta a todas y todos los habitantes de esta isla que dependemos de lo que extraemos del mar. Debemos protegerlo y generar esta consciencia en los demás”, añade Ana Luisa Mendieta, miembra del grupo de mujeres marisqueras.

Simultáneamente, Ana Luisa Mendieta y Dora Nohemí García capturan sardinas en su “chiquero”, pozas creadas por ellas mismas con pierdas marinas para atrapar pescados con las mareas. Para protegerse del sol, colocan toallas debajo de sus sombreros y toman pequeñas pausas para secarse el sudor de la frente.

Hipólita Acosta atrapa sardinas en las costas de su hogar, “esta es una actividad que yo realizo desde niña. Las sardinitas que saco de mi chiquero me sirven principalmente como alimento para mi familia. Las preparo en arroz o huevo, es una excelente fuente de nutrición”.

El 51% de habitantes de Amapala dependen de la actividad pesquera y agropecuaria y el turismo, principalmente. Sin embargo, las actividades productivas y económicas en esta localidad se caracterizan por ser de alto grado de explotación con un impacto negativo importante en el ambiente.

Las miembras de mayor edad de los grupos microempresariales, como Hipólita, conocen de primera mano el impacto ambiental que ha supuesto el influjo de grandes empresas a la zona que liberan agro-tóxicos en las aguas del Golfo de Fonseca. 

“Antes, sacábamos muchas más sardinas de estas aguas, ahora hay días en que uno no saca casi nada”, comenta Hipólita, “en muchas ocasiones no sacamos suficiente para vender, solo para el consumo de nuestra familia. Hay días en que ni eso logramos sacar.” 

Las integrantes de ESMUMAR coinciden en que el cambio climático es otro factor a tomar en cuenta, el incremento de la temperatura del agua y la migración de especies acuáticas afecta negativamente la actividad pesquera. 

Revisar sus chiqueros es una actividad diaria con horarios específicos. Dependiendo de las mareas, Glenda Argentina Alvarado, Liliana García y María Victorina Gonzales bajan de sus aldeas a revisar sus chiqueros y a extraer lo que encuentran adentro. 

“No es siempre fácil, con el intenso sol que recibimos estar acá por mucho tiempo es imposible. Hay otros peligros también, como los son las ‘rayas’ que a veces quedan atrapadas junto a las sardinas dentro de las pozas y que nos pueden picar”, expresa Glenda.

Claudia Petrona Cárdenas, Miriam Gricelda Jiménez y Alba Hernández se emocionan al finalizar un día que ellas consideran exitoso para la pesca. Todas ellas forman parte de las 110 mujeres y jóvenes que se organizaron en cuatro grupos para recibir herramientas para el secado de las sardinas que extraen, así como formación constante en desarrollo empresarial y buenas prácticas de la actividad marisquera con enfoque de protección ambiental; esto con el apoyo del Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca (CODDEFFAGOLF), Oxfam y Global Affairs Canada. 

“Este proyecto nos permite organizarnos y juntas lograr hacer estas labores. No solo compartimos tiempo, sino también conocimientos y prácticas con otros grupos de mujeres”, comenta Ana Luisa Mendieta.

Si bien el impacto directo del programa se centra en grupos de mujeres de Amapala, se espera que sirva como modelo y proyecto piloto para poder ser replicado en otras comunidades pesqueras de la región Sur del país.

“Hace poco, hubo una marea de sardinas de noche durante la cual sacamos peces por horas”, relata Alba Hernández, “estos fenómenos se dan cada vez con menos frecuencia, pero cuando suceden dejamos todo para venir a sacar el mayor número de sardinas posible. Estas las lavamos a mano al llegar a casa y después las ponemos a secar para quitarles el exceso de sal en los sistemas de secados que Oxfam y CODDEFFAGOLF nos ha brindado a través de este proyecto. Esto nos sirve de alimento y, en esta cantidad, las podemos vender a mercantes locales”.

A medida que cae la tarde, las mujeres recogen sus materiales de trabajo y los baldes en donde depositan el resultado de su actividad pesquera, entre los cuales destaca sardinas y almejas. Al salir de los chiqueros, conversan sobre el próximo encuentro de formación que las organizaciones les proporcionarán. 

ESMUMAR, junto a los tres grupos de mujeres marisqueras y pescadoras que se conformaron en el proyecto, participan en la Escuela de Liderazgo de Mujeres Marisqueras. 

A través de este modelo de aprendizaje fortalecen sus conocimientos y desarrollan nuevas capacidades para lograr su inserción en procesos sociales que suscitan en sus comunidades, así como en incidencia política para lograr reglamentos municipales para la conservación de los manglares y playas de Amapala.

“En la ‘Escuela’ comenzamos a conocer nuestros derechos y esto logró un impacto en nuestras vidas. Nos ha motivado a participar, a movernos para defender los bienes y sistema completo de nuestro municipio”.