Rutas de apoyo contra la violencia machista

Patricia es una de las 85 mujeres que fueron capacitadas para identificar, acompañar y remitir casos de mujeres víctimas de violencia en situación de alto riesgo. Foto: Asociación Calidad de Vida

“Ahora conozco y me amparo de las leyes, conozco los deberes de cada operador de justicia y cómo debe desarrollarse las denuncias y casos. Nos hacía falta eso: poder ayudar a una mujer en crisis”.
Patricia Rivera
Red de consejeras en violencia

El sol brilla intensamente en el corazón del departamento sureño de Choluteca, donde se ubica el municipio de Santa Ana de Yusguare. Se trata de un poblado rural, en cuya arquitectura se aprecian rasgos pintorescos y coloniales. Su nombre, Yusguare, significa “agua de las flores” en lengua mesoamericana. 

Por sus angostas calles de tierra camina Patricia Rivera. Da pasos cortos pero rápidos, pues tiene un caso urgente que atender; esa mañana recibió un llamado de ayuda de una mujer. Del cuello de Patricia cuelga un carné con su fotografía. En letras amarillas, sobre un fondo color morado, se lee la frase ‘Consejera en violencia’. 

“Es un voluntariado lo que hacemos. En lo que a mí respecta, lo hago porque estoy comprometida a ayudar a los grupos más vulnerables, como es el caso de las mujeres.”

Patricia es una de las 85 mujeres que participaron en los módulos de formación para la detección, prevención y atención a violencias contra las mujeres. A través de un programa financiado por la Unión Europea e implementado por Oxfam y la Tribuna de Mujeres Gladys Lanza, ellas conocieron de mecanismos legales y desarrollaron competencias y habilidades terapéuticas para el manejo de crisis emocionales. 

“En la zona rural, la violencia doméstica es de los tipos más comunes. En la violencia que se nos ejerce a nosotras las mujeres no somos culpables, somos víctimas. Por eso les pido a las mujeres que no tengan miedo a denunciar.” 

Junto a Patricia trabajan dos consejeras más, entre quienes se coordinan para brindar atención y acompañamiento a las víctimas. Como integrante de la Red de Mujeres de Santa Ana de Yusguare, Patricia también se apoya de la Asociación de Mujeres Defensoras de la Vida (AMDV) y la Oficina Municipal de la Mujer. 

“Las experiencias que apoyé antes de certificarme como Consejera, lo hice sin conocer los lineamientos correctos. A veces me sentí desesperada por no saber qué hacer. Pero ya no; ahora conozco y me amparo de las leyes, conozco los deberes de cada operador de justicia y cómo debe desarrollarse las denuncias y casos. Nos hacía falta eso, que nos enseñaran a cómo poder ayudar a una mujer en crisis”.

En menos de una hora, Patricia llega a una casa con techo de teja y paredes blancas. Una mujer de unos 54 años tímidamente abre la puerta. En sus brazos son visibles moretes y aruñones. 

“Lo que aprendimos no nos lo quedamos solo nosotras. Lo compartimos con nuestras familias, con las mujeres que ayudamos y a través de las réplicas y charlas que damos en las comunidades alrededor de Santa Ana. Lo más importante es ponerlo en práctica para quienes más lo necesitan”.

Impartir las charlas supone un reto para las consejeras. El elevado índice de analfabetismo en el departamento de Choluteca les obliga a pensar en formas creativas de sensibilizar a las habitantes de estas zonas sobre sus derechos, a identificar las violencias a las que están expuestas y a indicarles dónde acudir por ayuda. Pero este no es el único obstáculo que debe enfrentar.

“Como Consejeras, en este país tan machista y patriarcal, también estamos expuesta a que nos suceda algo a nosotras. Por ahí nos dicen: esas son las mujeres que meten presos a los hombres. Pero no por eso voy a desistir.”

La motivación que mantiene a Patricia como Consejera es luchar por el acceso de las mujeres víctimas a una justicia efectiva, transparente y libre de discriminación y prejuicios; un objetivo que comparte con las organizaciones que apoyaron para su formación. De acuerdo a datos oficiales, de cada 10 mujeres que interponen una denuncia en el país, solo tres obtuvieron una resolución por parte del sistema de justicia. 

“Sabemos que el Estado es el garante, el responsable de dar la seguridad y protección y justicia. Pero cuando vemos casos de asesinatos de mujeres nos preocupa; miramos que a los operadores de justicia les importa poco. Hablan bonito y dicen que dan respuesta, pero la realidad es otra.”

Patricia ingresa a la casa de la mujer con la cabeza en alto y con mirada compasiva. Se tomará el tiempo necesario para escuchar a la mujer, responderá a sus preguntas y la guiará paso a paso en sus necesidades.