Libertad para crecer, cuidar y vivir

Catalina López Lorenzo. Mujer indígena lenca y Consejera en Violencia de San Marcos de la Sierra.

Catalina López Lorenzo es mujer indígena lenca, defensora y promotora de los derechos de las mujeres, Consejera en Violencia de San Marcos de la Sierra.

"He aprendido a cuidarme y ser feliz. Si no me cuido no puedo cuidar de los demás, si no me amo no puedo amar a nadie más"
Catalina López Lorenzo

Son las cuatro de la mañana y Catalina López Lorenzo ya puso a hervir el agua para el café, en un par de horas despachará a sus hijos e hija para el colegio. Por ahora, parada frente al fogón de su pequeña cocina, se concentra en preparar las tortillas de maíz para el desayuno de la familia. Para el medio día Catalina ha terminado casi todas las labores domésticas: barrió la casa, lavó la ropa, atendió la cosecha de maíz y pataste en su parcela y ‘jaló’ leña para preparar el almuerzo. En otros días, cuando debe atender reuniones de la escuela de sus hijos o de la iglesia, termina estas actividades con mayor rapidez, sintiendo la presión del tiempo sobre su espalda. 

Todas esas horas que esta mujer indígena lenca de 36 años invierte en atender los cuidados del hogar y de la familia pasan desapercibidas. De hecho, estas tareas que recaen sobre las mujeres y niñas de forma habitual y desproporcionada no se remuneran ni cuentan como un trabajo real para muchas personas en su comunidad y alrededor del mundo. Pese a la gran cantidad de responsabilidades que Catalina asume ella logra a gestionar su tiempo para afrontar los asuntos familiares, comunitarios y personales.  

Para las tres de la tarde los rayos del sol aún caen forzudamente sobre su piel trigueña y pelo lacio. Catalina reflexiona sobre su camino de vida, en su memoria traza los altos y bajos, las alegrías y lágrimas, las heridas que aún sanan, los esfuerzos que realiza para alcanzar sus metas y el acompañamiento que ha recibido para cumplir este cometido. Con la frente en alto recuerda el primer taller en que participó para certificarse como Consejera en Violencia, era junio de 2018 cuando inició este espacio de aprendizaje con 85 mujeres más.

Los conocimientos que recogió le han permitido orientar y apoyar a mujeres víctimas de violencia en su comunidad, San Marcos de la Sierra, un municipio al suroccidente de Honduras. Durante dos meses Catalina y sus compañeras conocieron herramientas, técnicas y leyes que aprendieron de la Organización Intibucana de Mujeres “Las Hormigas” y de la Oficina Municipal de la Mujer a través de un programa financiado por la Unión Europea e impulsado por Oxfam y la Asociación Calidad de Vida. No se trata de un grado o un cargo oficial, pero se llena de orgullo cuando expresa la importante –y necesaria– labor comunitaria que ahora realiza con excepcional fervor: “Consejera en Violencia”. Lo repite una y otra vez, cada momento con una sonrisa más grande. 

Retrocediendo en el tiempo, Catalina recuerda que apenas comenzaba el colegio cuando su padre y madre decidieron retirarla de sus estudios académicos. En ese entonces, cuando tenía 13 años, migró de su pueblo hacia San Pedro Sula, la “ciudad industrial de Honduras”, al norte del país. Ahí trabajó un par de años hasta que se mudó cerca del Lago de Yojoa, donde trabajó como encargada de lavar platos en un comedor local. Transcurridos siete años Catalina regresó a su pueblo natal, en donde un año después comenzaría a vivir la época más difícil de su vida. 

Enfrentando cambios para crecer

“La vida no se gana fácil en ‘San Marcos’”, dicen muchos de sus habitantes. Uno de los principales problemas aquí es los escases de agua, la cual es acarreada, por las mujeres, desde pozos o nacimientos que se encuentran a largas distancias. Sumado a ello, la sequía pega con más fuerza cada año sobre los cultivos de los pobladores; y, debido a la descontrolada tala de los bosques, se ha perdido la vegetación y con ello el clima fresco que caracterizaba este municipio del departamento de Intibucá. Existen cuatro aldeas dentro de los límites de San Marcos, todas retiradas del centro del municipio. Para llegar a una aldea o caserío se camina alrededor de dos a tres horas, pues en muchos de sus estrechos caminos de tierra y piedras no siempre es posible transitar en carro. El acceso a atención de salud básica inmediata no está al alcance de todas y todos sus habitantes. 

El reto es mayor cuando se es mujer e indígena en esta región. La falta de recursos y políticas especiales dirigidas a cubrir las necesidades más básicas de esta población las coloca en una situación de vulnerabilidad de derechos y las empuja al borde de la extrema pobreza. Adicionalmente, sufren una intensa violencia machista que agrava la brecha de desigualdad de género en sus hogares y comunidades. Para Catalina la historia no es diferente. Recuerda que a sus 21 años y embarazada con su primer hijo fuera de un matrimonio, su familia la corrió de casa. Al darle la noticia a su pareja, él intentó obligarla a tomar pastillas abortivas. Catalina, se mantuvo firme en su decisión de tener al bebé. Su pareja, en cambio, la abandonó y migró hacia Estados Unidos. Sin tener un trabajo, ni ahorros, ni una familia que le apoyara Catalina admite que se sintió desolada. Aunque dormía en la calle sobre pedazos de cartón, su espíritu de lucha era –es– innegable. Las dificultades que vivió, tal como lo refleja ella en su actuar, le forjaron carácter y la fortaleza de un roble. 

Actualmente, junto a su compañero de hogar, crían una hija de trece años y dos varones de quince y once años. Mientras que él se dedica a la albañilería, Catalina también trabaja predios ajenos cultivando maíz para comprar alimentos para la familia. Catalina expresa que un día de trabajo en el campo es pagado a cien lempiras (US$ 3.42); pero, cuando le dan la comida, el día de trabajo es pagado a cincuenta lempiras (US$ 1.71). 

Para Catalina los procesos de formación que recibe a través de “Las Hormigas” valen oro, pues aprendió a conocer y defender sus derechos así como la ruta de acceso a justicia para víctimas de violencia. También, junto a la Red de Mujeres de San Marcos de la Sierra, estudió la Ley de Municipalidades, participa en acciones de incidencia política y apoya a coordinar ferias y marchas en fechas emblemáticas. Catalina no duda en inscribirse en los talleres y capacitaciones; aunque sabe que se trata de un reto, sabe que ese tiempo es el que mejor invierte para su desarrollo personal. 

Hace un par de meses ella inició un aprendizaje de autocuidado junto con 10 mujeres más de San Marcos, quienes son guiadas por “Las Homigas” en este proceso formativo financiado por la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo y con el acompañamiento de Oxfam. Catalina comenta que las técnicas que está aprendiendo le sirven en momentos cuando se siente triste, cansada o desmotivada. Además, reconoce el valor que, como mujer, se tiene que dar y a aprender a cuidarse. Hoy, Catalina buscará un tiempo para visitar a sus vecinas y algunas amistades para compartir las técnicas de relajación con ellas. “Gracias al proceso de formación que estoy sacando, he aprendido a cuidarme y ser feliz. Si no me cuido no puedo cuidar de los demás, si no me amo no puedo amar a nadie más”, se despide.   

Redacción y fotografías: Maritza Cedillo, Organización Intibucana de Mujeres “Las Hormigas”
Edición de textos: Karen Arita